La Amazonía está experimentando una pérdida significativa de vegetación, lo que aumenta su riesgo climático. Esto tiene un impacto negativo en el ciclo del agua y en la capacidad de los ecosistemas para hacer frente a fenómenos extremos. La reducción de la cobertura vegetal es un factor clave en esta situación, ya que altera el equilibrio del ecosistema y lo hace más vulnerable a eventos como El Niño.

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