Una mosca originaria del Polo Norte ha logrado adaptarse y colonizar cuevas en la Antártida. Esto se ha visto favorecido por el aumento de temperaturas y el transporte en barcos. La mosca ha sufrido cambios físicos, como la reducción del tamaño de sus alas, lo que le ha permitido adaptarse a su nuevo entorno.

La formación de colonias de esta mosca en las cuevas antárticas supone una amenaza para otras especies del ecosistema. La adaptación de esta mosca es un ejemplo de cómo las especies pueden cambiar y expandirse a nuevos territorios. Para obtener más información sobre este fenómeno, se puede consultar la publicación original.

Allí se pueden encontrar detalles adicionales sobre la mosca y su impacto en el ecosistema antártico.